“Locura y rebeldía son osas de la misma cueva”

Juntas merodean, a oscuras no llegan a verse, por miedo una de la otra se sortean, las dos casi siempre acaban por perderse. Un entorno que enfrenta a iguales condenando la diferencia necesita del temor para preservar el aislamiento. Extremar el miedo a lo desconocido que ambas osas llevan dentro, es vital para preservar el tedio. La oscuridad no necesariamente conlleva ausencia de luz, se mide en función de todas las luces que nos anclan en la banalidad de una vida disecada. Es entonces que una osa se desencanta y otra osa practica el desencuentro. Se necesitan como el pez necesita el agua, como el agua necesita que los peces le atraviesen con ligeros cosquilleos. Sin embargo, casi nunca se atreven a darse la vuelta y mirarse a los ojos. La normalidad les amordaza, por mucho que, de lo que quede de “cordura” en la primera, se esfuerce por encajar, y por mucho que la segunda se esfuerce por lo contrario, por no encajar… una es menos normal de lo que los guardianes de la fosa se empeñan en repetirle día tras día con promesas que no se creen ni ellxs, y otra es más normal de lo que su necesidad de desencuentro muestra. Sigue leyendo