El ataque insurreccional y las luchas en contextos específicos.

El caso del TIPNIS

(Invitación al debate)

 

 Y así, con un parpadeo en medio de esta lectura….

Procuro alcanzar tu corazón, hermosamente rebelde, una vez más…

Siempre existen tensiones a la hora de hablar de los ataques insurrecionales ya que la represión apunta a cualquiera que hable sobre ellos de forma afín. Además, hablar sobre la insurrección conlleva el compromiso de la acción y nunca, de la comodidad del “análisis” a distancia de las luchas contra la dominación, el poder y toda forma de autoridad. Surgen siempre las tensiones sobre el anonimato, y las  especulaciones de los ojos atentos y vigilantes, de los dedos que apuntan y señalan, de las bocas que cuchichean y especulan y como olvidar a los oídos que se deleitan con las especulaciones que surgen de los ojos, dedos y bocas.

Trato de vencer estas limitaciones y, a pesar de ellas, como un gesto de inclaudicable compromiso, tomo la palabra para lanzar tres asuntos que considero importantes: el primero, reflexionar a partir de experiencias concretas sobre los ataques insurreccionales que comparten o se solidarizan con las luchas de las llamadas comunidades indígenas. El segundo, para abrir el debate sobre este tipo de luchas que parten de contextos específicos y que pueden ocasionar ciertas tensiones, pero por lo mismo agradables debates, entre quienes asumimos la acción. Y, el tercero, para pulir siempre nuestras tácticas y estrategias de confrontación con el poder mediante estas reflexiones.

Por lo tanto, estas palabras, no las escribo, aunque pudiera sonar a aquello, desde  la dicotomía “Gobierno – Pueblos Indígenas”, las escribo contra el Estado y el capitalismo desde el antagonismo entre lxs que se resignan a ser gobernadxs y lxs que nos enfrentamos abiertamente cada día con ideas y acciones a todo dominio. Todos los hechos son parte de la realidad no mediatizada de la lucha por el TIPNIS rescatados desde los testimonios personales hasta de las páginas de información alternativa y contra información que han registrado partes de esta lucha. Procuro con esto dar un panorama libre del sesgo legalista, estatista y constitucionalista que incluso agrupaciones libertarias como La Coordinadora por la Autodeterminación de los Pueblos, tienen en sus publicaciones.

Una de las primeras cosas que debo aclarar es que procuraré evitar el uso de la palabra indígena porque forma parte del vocabulario políticamente correcto -y por lo tanto hipócrita- del poder. A pesar de que muchas poblaciones la reivindican para sí mismas, yo voy a buscar no omitir las diferencias internas entre ellas, ni sus propios autodenominativos, por ello procuraré referirme a cada comunidad con su propios nombres.

Lo siguiente en ser aclarado es que este texto entiende que el poder, los estados democráticos, el sistema económico capitalista, así como lxs medioambientalistas y ONGs, comparten la misma  visión utilitaria, avasalladora y alienada sobre los espacios de naturaleza salvaje y vida no civilizada. Si unxs ven en estos espacios “recursos naturales a ser usados”, otros lxs ven como recursos naturales a ser guardados” y otrxs como recursos para ser utilizados alternativamente o como espacio de recreo y documentación exóticos. A diferencia de ellxs, yo considero que estos espacios son ante todo espacios libres que merecen seguir siéndolo y que las comunidades que viven en ellos no tienen porque sufrir las amenazas a sus territorios ni por este, ni por otro gobierno, ni por turistas ni biólogos, ni artistas….

  1. 1.     Las comunidades y el TIPNIS 

Es necesario también, aclarar que el TIPNIS (a pesar de estar tan de moda la palabrita), es la abreviación de Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure,  denominativo que se usa para referirse a cerca de un millón de hectáreas ubicadas entre los llanos y las sierras subandinas en el territorio dominado por el Estado de Bolivia. Es un espacio que había gozado de cierta libertad en cuanto al avasallamiento y expansión civilizatoria debido a que en su interior habitan comunidades moxeñas, yuracarés y Tsimanes las cuales conviven de formas no extractivistas con la naturaleza y siguiendo los ritmos propios de ésta. Pero ya con anterioridad las comunidades habían realizado quejas por los avasallamientos realizados por lxs cocaleros, quienes buscan este tipo de climas para sembrar coca, lo cual supone un cambio drástico en la vida salvaje de este tipo de espacios. De estas amenazas así como las de los madereros y otrxs, surge una organización y movilización de los pueblos de tierras bajas en 1990 que tiene como “logros” declarar áreas protegidas, parques nacionales y tierras comunitarias de origen a varios espacios de vida de estos pueblos. Sin embargo esta protección apenas durará más de diez años, puesto que en realidad estas leyes solo sirven para proteger durante cierto tiempo lo que el Estado considera son sus fuentes de recursos naturales, vieja estrategia que devela que solamente se protege en función de un uso posterior.

Ahora bien, ¿porqué menciono y pongo los ojos en las comunidades moxeña, yuracaré y tsimane y no me remito solamente a la vida salvaje, naturaleza, animales no humanos y plantas? Esta pregunta por supuesto,  conlleva una pregunta más generalizadora: ¿Por qué muchos movimientos anarquistas y antiautoritarios han puesto el ojo, la atención y el compromiso con las luchas indígenas? Dudo sinceramente que se trate sólo del “descubrimiento de las dicotomías entre pueblos incluidos y excluidos”, creo que la mirada en las comunidades “indígenas” proviene de que éstas nos muestran las posibilidades reales de vida fuera de la domesticación Estatal y Capitalista (sin que esto signifique que se está libre de toda domesticación o jerarquización ni autoridad en ellas). Las comunidades del TIPNIS son un ejemplo de negación de la vida civilizada, de existencia paralela a nuestra vida domesticada, son los huecos negros, los intersticios, y muchas veces son realidades casi exóticas que vemos como si fueran parte de los mitos, de realidades de museo pero que existen conviven y cotidianamente se mantienen alejadas de lo que nosotrxs deseamos destruir. Tienen la presencia del Estado reducida casi por completo[1], y por lo tanto tienen una autonomía como sociedad y cultura. En tal sentido, su lucha es pues una lucha que lxs anarquistas y antiautoritarixs lógicamente apoyamos. De hecho, siempre me he preguntado por qué muchos “primitivistas” no han llegado  a sumarse a estas comunidades para compartir sus experiencias con ellas. Pero este es un punto que también corresponde al debate que procuro entablar a partir de este texto

 

  1. 2.     La repartición del continente y la apertura de vías para el libre tránsito del capital y sus mercancías

Para aproximarnos a los orígenes de la actual lucha por el TIPNIS partiré por aclarar que la amenaza sobre él responde a intereses que están lejos de ser exclusivos del territorio dominado por el Estado boliviano: La carretera que se busca construir en medio del TIPNIS forma parte de la IIRSA.

La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional en Sudamérica (IIRSA) es la operativización física a través de carreteras de las políticas de “libre” comercio entre los países de sud América, es pues el intento de desarrollar una infraestructura que vincule todas las regiones que la ambición transnacional quiere abarcar para el libre tránsito de sus mercancías y materias primas, es decir, para el libre tránsito de los productos que garantizarán  el “desarrollo”, la tecnología, la civilización y por supuesto la permanencia de la cultura del consumismo. Ésta infraestructura fue planteada  desde la década de 1990 por el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), a los presidentes sudamericanos en complicidad y coparticipación de la CAF (Corporación Andina de Fomento) y FONPLATA (Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata). Sin embargo, las carreteras e hidrovías que comprenden la IIRSA son presentadas como intereses nacionales por cada uno de los Estados para garantizar que sean éstos quienes cubran los gastos y engañen a sus respectivas poblaciones con promesas de trabajo y flujo económico derivado de estos proyectos (las promesas de siempre para garantizar la servidumbre moderna).

Si bien tengo una desconfianza radical hacia el sistema y comprendo que estas amenazas a los territorios aún libres de civilización son una constante de la política democrática extractivista desarrollista y civilizatoria, soy consciente también de las diferencias que se marcan a raíz de los aparentes “cambios” que se montan como espectáculos a través de los canjes de “gobiernos”.

“Después del 2000 los virajes de la política y economía mundial apuntaban a la descentralización estatal, buscando la privatización paulatina y progresiva de los  servicios e industrias para fortalecer las mega empresas transnacionales que “compraron” los servicios básicos y energéticos (en Bolivia esto se dio con la ley de capitalización en la década de 1990). En el caso particular de este contexto, los movimientos sociales y el descontento con el modelo aplicado ponen un freno temporal a esta privatización. Ante ello, un nuevo viraje político cumple la misión que se estaba perdiendo: Una nueva generación de gobiernos izquierdistas, populistas y progresistas reintroducen  al Estado en la actividad económica, con una presencia casi simbólica, pero haciéndolo parte del juego empresarial de intereses sobre la explotación de recursos y, mediante un discurso nacionalista de apropiación de los recursos, se vuelve el gobierno idealizado por los movimientos sociales. Éste nuevo capitalismo de izquierda garantiza que los Estados no se opondrán a los intereses transnacionales puesto que, como empresarios, comparten los mismos intereses. La apropiación de las reivindicaciones sociales sustentan el discurso progresista, que permitirse su actividad empresarial en nombre de un uso “popular” de las mismas empresas, fábricas y recursos. La aplicación de los planes de la IIRSA bajo estos nuevos gobiernos de izquierda, es tan sólo una prueba más de sus intenciones e intereses capitalistas nacionales y transnacionales.

De esta forma se explica que el año 2006: El gobierno “indígena” y de “cambio” del MAS (movimiento al socialismo) declare prioridad nacional la elaboración a diseño final y construcción del tramo Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, correspondiente a la carretera Cochabamba-Beni de la Red Vial Fundamental de la IIRSA. Tres años después y consolidada la mayoría “popular” de este gobierno, se  aprueba la contratación de créditos millonarios que financien la construcción de la carretera. En  junio del 2011, el gobierno boliviano y la OAS empresa constructora brasilera, inauguran el inicio de la construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos, en  los tramos I (Villa Tunari – Isinuta) y III (Monte Grande – San Ignacio de Moxos) dejando el tramo II, que es que el que atravesaría el TIPNIS y que conecta los tramos I y III, para el final.

  1. 3.     Las primeras actividades: el “movimiento” libertario y anarquista

Desde las ciudades las primeras estrategias fueron las de informar a la gente y a lxs mismxs compañerxs sobre lo que significaba la carretera en el TIPNIS, es decir sobre la IIRSA y la verdadera amenaza que se encontraba en las políticas desarrollistas, extractivistas y de progreso tecnológico y consumista que tenía el Estado boliviano.

Desde el 2009, se llevan a cabo acciones diversas de difusión, y se conforma la Coordinadora por la Autodeterminación de los Pueblos, conglomerado de invidualidades que se dedican a  la difusión, información y actividades de propaganda sobre el TIPNIS. Esta coordinadora dura poco y se disuelve, sin embargo deja un impacto en el sentido de lograr una mirada crítica sobre la carretera más allá de lo inmediato que supone un camino, sino hacia esta amenaza más grande de las vías de transporte comercial internacional. Otras estrategias fueron los programas de radio y las publicaciones, si bien nunca desde espacios independientes o autónomos, se logró ocupar espacios en medios alternativos o de izquierda en donde se publicaron los resultados de las investigaciones que realizaron personas de la Coordinadora. Paralelamente y de forma casi individual, se realizan programas, performances y teatros callejeros para darle un tinte artístico a  la contrainformación sobre el TIPNIS.

Las comunidades Tsimanes, moxeñas y yuracarés  llevaron adelante la lucha para defender sus territorios mediante una serie de estrategias  y recursos legales, organizándose de forma oficial con representantes, dirigentes y representaciones legales, acudiendo al Estado con demandas, protestas y tramites que eviten la construcción de la carretera y además frenen el avasallamiento de los cocaleros. Pero al no tener una respuesta tajante, hacia el 2011 surgen las intenciones de la Marcha por el territorio y la defensa del TIPNIS.

 

 

 

 

 

  1. 4.     La VIII marcha, sus estrategias y los primeros sabotajes.

El 15 de agosto de 2011 comienza la VIII marcha indígena[2], que parte de la ciudad beniana de Trinidad inicialmente con 700 personas rumbo a la ciudad de La Paz.

La marcha, debido a la forma demasiado evidente que tuvo el Estado de minimizarla, generó una serie de simpatías en las ciudades que seguían de cerca la lucha a través de los medios pero también a través de vigilias y otras estrategias de información y seguimiento a la lucha así como a través de la colecta de víveres y otros para los marchistas. En estas simpatías se entremezclaban el apoyo y participación activa de la CONAMAQ, así como de algunas personas independientes, con las ONGs, carreras universitarias, colectivos ambientalistas y un largo etc. en el cual incluimos agrupaciones ciudadanas que poco o nada compartían las visiones de las comunidades sino que se lanzaban a las vigilias a protestar contra “el indio de mierda” del presidente, demostrando así que esta lucha tenía muchos sectores que la instrumentalizaban para expresar su repudio al gobierno de turno. Se ganaron simpatías de todos lados incluidos los apoyos de la derecha y partidos políticos que buscaban un escenario propicio para catapultarse a la escena política monopolizada por el gobierno del MAS. No importaba quién, lo que importaba era “la lucha” y evitar la carretera.

Durante la marcha una serie de pulsetas entre el gobierno y lxs marchistas se llevaron a cabo, entre peticiones de negociación, demandas por la asistencia del gobierno hacia los lugares de la marcha, las negativas del gobierno enviando ministros a los lugares cuando se demandaba la presencia del presidente, los apoyos del gobierno a sus afines para bloquear la marcha en distintos pueblos, e incluso el bloqueo al agua en uno de estos lugares, culminan con el intento desesperado del gobierno de frenar la marcha mediante una toma violenta de lxs marchistas que son secuestradxs y metidxs en camiones: El 25 de septiembre La policía interviene la marcha de forma violenta con gases lacrimógenos,  arrestando a cientos de marchistas estableciendo un terror en todxs ellxs que en su intento de fuga pierden a sus hijxs y vagan por la selva durante un par de días. La policía traslada a lxs detenidxs a San Borja y Rurrenabaque con la intención de llevarlxs a La Paz, o a sus comunidades.

La represión fue un detonante para que la escaza población que no se manifestaba hasta entonces lo hiciera en sendas marchas de repudio al gobierno y a la represión. Cómo olvidar que en medio de la imagen victimizada de lxs indígenas -transmitida por los medios de la oposición-, que eran pacíficxs y fueron violentamente reprimidxs y secuestradxs, surge la imagen del niño muerto, imagen siempre indignante para la ciudadanía que se vuelca a las calles a gritar y pintar pancartas con lemas como  que no se mata niñxs o, no se mata mujeres ni niñxs, como si matar hombres fuera más tolerable para lxs ciudadanxs. En fin, estaban dados los argumentos necesarios para una censura total a esta detención y es claro que la represión fue abusiva como es toda intervención policial siempre realizada en desventaja.

La marcha estaba paralizada, una serie de manifestaciones y marchas en varias ciudades del territorio dominado por el Estado boliviano se llevaban a cabo así como las denuncias internacionales sobre genocidio, y uso desmedido de la violencia por parte de la policía (como si su violencia alguna vez fuera medida) se aclara la inexistencia del bebé muerto pero las emotividades habían sido ya levantadas. Lxs pobladorxs de las ciudades de Rurrenabaque y San Borja, donde habían sido trasladadxs lxs marchistas, apoyadxs por  tacanas y mosetenes, bloquean los autobuses que transportaban a lxs marchistas secuestradxs y frustran el plan policial.

Tras reagruparse los primeros días de octubre, lxs marchistas reanudan su caminata rumbo a La Paz. La marcha continúa, la represión ha cumplido un rol: todxs solidarizan con lxs marchistas. Conviene aquí hacernos las preguntas sobre esta decisión –estúpida- del gobierno. Para algunxs se entrelazan interesen externos, para otrxs fue un acto desesperado, sea como sea, la represión violenta dejó claro un par de cosas: la primera de ellas es que la población boliviana tiene una solidaridad emotiva y no política. La segunda es que la estrategia pacifica parecía tener resultados en la suma cuantitativa de los apoyos a la marcha y la causa de los yuracares moxeños y tsimanes.

En total desvinculación a este pacifismo, se realizan dos primeras acciones de sabotaje que se enmarcan en la lucha por el TIPNIS: los sabotajes a monumentos coloniales y al viceministerio de medioambiente de los cuales comparto extractos de sus comunicados que mencionan al TIPNIS y sus motivaciones en esta lucha:

Sabotaje a monumentos coloniales: “(…) La idea de progreso que vino a América con el colonizador europeo ha calado tan profundo en las mentes de nuestras gentes, que por un lado se puede dar gracias a la “Pacha Mama” (Madre Tierra) y por el otro construir una carretera en medio de la zona selvática, porque claro, de ello depende “el desarrollo del país”. Esta nueva mentalidad indigenista-desarrollista es uno más de los monstruos que el capitalismo triunfante ha concebido, mentalidad que es una variante del capitalismo verde que nos proponen desde algunas potencias europeas a través de sus Ong’s y proyectos bienestaristas para el tercer mundo. (…) Negamos el concepto de raza pero asumimos como real la existencia de diferentes culturas y sus particulares cosmovisiones, ahora bien, debido a nuestras perspectivas de lucha nos distanciamos entre otras cosas, de los tan comunes ritos que contemplan el sacrificio de animales no humanos; no idealizamos el mundo indígena pero si solidarizamos con sus luchas por la liberación. (…) Nuestra acción es en solidaridad con los asesinados por la represión policial en la marcha del TIPNIS  y en los hechos de Caranavi en mayo de 2010, no buscamos juicios populistas, si no la venganza revolucionaria. Tampoco olvidamos a lxs desplazadxs y asesinadxs por la construcción de la carretera bi-oceánica  en el territorio dominado por el estado brasileño.” (Fuerzas Ácratas por la Conspiración y el Ataque Directo. FAI-FRI 14 octubre, 2011)

Sabotaje al viceministerio de medioambiente: “(…) En repudio y rechazo a la intervención al TIPNIS y la hipócrita forma de tomar en cuenta a las  comunidades indígenas, resalta la necesidad de atacar al Estado utilizando nuestros propios términos. (…) Como anarquistas somos solidarixs con la lucha por la autodeterminación de los pueblos indígenas, pero no olvidamos que éstos mismxs también son patriarcales, especistas y jerárquicxs en muchas de sus normas culturales. Nuestra guerra, totalmente alejada de  la moda defensora del TIPNIS, es un combate contra el sistema, contra el capitalismo, contra todos los Estados y sus falsxs críticxs. Por eso nosotrxs no creemos en sus palabras, ni en sus leyes, ni en sus diálogos. No buscamos soluciones alternativas a su proyecto destructivo. Buscamos atacarlos, como ellos buscan atacar la vida. (…) Hemos atacado esta institución estatal porque ha pretendido mimetizarse entre la gente pobre urbana y rural utilizando discursos pachamamistas de “vivir bien”, “derechos de la madre Tierra”, “proceso de cambio” o cosas similares para no perturbar los intereses de la burguesía, a quien claramente se muestra que responden. (…) Su progreso significa esclavitud, la naturaleza no es recurso de nadie” (Fracción Autónoma de Salvajes Contra la Intervención Capitalista del TIPNIS. FAI – FRI 14 octubre, 2011)[3]

Dos acciones que pasan casi inadvertidas por la marcha y que son escasamente mencionadas por lxs “intelectuales” y opinólogxs del tema TIPNIS, pero que marcan una diferencia notoria en cuanto a la presencia anarquista en esta lucha, que comienza a diversificarse, y que realiza críticas no solo a la carretera sino al desarrollo, la civilización e incluso a los pueblos indígenas.

La marcha llega a la ciudad de La Paz el 19 de octubre de 2011 con un recibimiento emotivo por la cantidad de gente pero al mismo tiempo sospechoso por la nula presencia  de la policía, no importaba, había que demostrar el apoyo y todxs marcharon casi en desfile, por la plaza principal sin ninguna represión, de hecho se buscó un juego pacifista en esta marcha, prohibiendo hasta el uso de petardos, ¿lxs anarquistas? Desfilando también. Y es que así tenía que ser, no se podía abandonar la lucha en la que nos habíamos enfrascado hacia ya años por la presencia de una serie de impertinentes. Con gritos más duros y algunxs tratando de romper esa imagen pacifista pero con las tensiones internas de siempre -entre ellas la innegable mayoría pacifista que obraba según los mandatos de la marcha- marchamxs también lxs anarquistas, libertarixs y veganxs. No habíamos tenido ni estrategia, ni proyectualidad alguna, las acciones y los ataques iban desvinculadxs, casi en direcciones opuestas, pero todxs apoyando la lucha por el TIPNIS.

El resultado fue una vigilia de las comunidades y afines en plaza principal, llevada a cabo duramente porque la policía no dejaba pasar víveres ni abrigo para pasar la noche. Tras un par de días el gobierno anuncia la aprobación de la “ley corta” que por su puesto desviaría la carretera del centro del TIPNIS hacia otros lugares y que prohibía toda, cualquier, intromisión en el TIPNIS, incluida la de lxs propixs habitantes de este territorio. Una burla abierta bajo el término maquiavélico de intangibilidad puesto hábilmente en la ley tranzada.

En este “logro”, todxs fuimos testigos de una forma brutal de imposición que nunca es muy reflexionada: lxs dirigentes y líderes de las comunidades fueron forzadxs a llevar a cabo una política occidental de negociación en oficinas bajo juegos políticos en los que era evidente su desventaja. Al fin y al cabo se lxs escucha, pero se lxs manipula y lo que es más importante, se lxs civiliza aunque sea momentáneamente, en su forma de hacer política.

Quiero hacer una pausa en esta parte para puntualizar que las comunidades del TIPNIS llevan a cabo esta lucha para “proteger” y “defender” su casa, es decir el lugar donde viven como pueblos que han logrado escapar siglos enteros a la intromisión de la civilización. En tal sentido, su lucha no puede ser leída en términos de una defensa “global” de la naturaleza como discursean o pretenden algunos medioambientalistas, porque se trata de su espacio de vida cotidiano. Esto también significa que no había una crítica hacia las políticas civilizatorias o  extractivistas del Estado de forma general sino desde su experiencia concreta y cotidiana de vida. Sin embargo, considero que la lucha por el territorio indígena es de por sí una afrenta al Estado porque supone la negación de su presencia a través de obras y proyectos, en un espacio que los pueblos reivindican como propio y como ajeno al poder institucional. Estas dos reflexiones que parecieran entrar en tensión (por un lado la lucha por lo cotidiano y doméstico y por otro lado la negación intrínseca al estado en esta lucha pero que no se explicita y por lo tanto pareciera no cuestionarlo) son las que me motivan a buscar compartir experiencias sobre estas luchas en contextos específicos.

Un nuevo ataque al poder se lleva a cabo en las ciudades en el que justamente se cuestionan este tipo de luchas y aparentes triunfos que no llegan a frenar la embestida civilizatoria sino solamente a proponerle otra ruta.

Ataque incendiario contra banco mercantil: “(…) El pasado 25 de septiembre el gobierno ha demostrado públicamente, mediante las fuerzas del orden, su verdadero rostro. Sin dudar y ante los ojos de la mayoría ha propagado a través de las balas y los golpes el típico mensaje paralizador y ejemplificador del miedo y las posibles consecuencias de una oposición activa a los proyectos civilizatorios propiciados por intereses empresariales y estatales. Ahora, en sus intentos de apaciguar el conflicto, (el gobierno) se muestra conciliador y dispuesto al dialogo con lxs habitantes del TIPNIS y lxs marchistas, e hipócritamente da una buena imagen a sus simpatizantes (ONGs, movimientos y partidos políticos, indigenistas, etc). (…) Nosotrxs sí asumimos una posición activa dentro del conflicto que no se reduce a un determinado pueblo o a un territorio en particular. La irrupción de una carretera por cualquier parte del mundo (pues, esta carretera enmarcada en el proyecto IIRSA finalmente “gracias” a las negociaciones de lxs indígenas se construirá por otro tramo que no atraviesa el TIPNIS) o el actuar de las fuerzas represivas son expresiones y avances del capital (de la civilización y el urbanismo) que no nos sentaremos a observar impávidxs, sino muy por el contrario, intensifican nuestra actividad conspirativa y la urgencia de vengar cada golpe. (…) Por esto nos oponemos a cualquier modificación de la tierra, mas aun siendo en pos de explotarla y domesticarla, alterando las condiciones de vida de lxs seres que la habitan (animales humanxs, no humanx y plantas), traficando mercancías, imponiendo el asfalto.” (Núcleo de acción incendiaria por la propagación de la revuelta FAI-FRI28 octubre, 2011)

Estas vías paralelas de lucha que parecieran no encontrarse dan cuenta de la diferencia de la lucha en lo rural y lo urbano pero también de la diferencia entre los medioambientalistas y activistas, y quienes optan por una lucha que va más allá de las defensas y apuesta por una posición en contra de la civilización. Estas diferencias como las veo yo, son fundamentales para consolidar no solo la resistencia a las invasiones al mundo salvaje sino para profundizar sobre las raíces de los problemas enfrentados por los pueblos del TIPNIS y todos los pueblos y especies que habitan espacios aún libres de la invasión occidental civilizatoria y capitalista.

 

  1. 5.     El contraataque estatal.

 

El poder nunca se permite perder. El Estado siempre busca el triunfo de sus intereses, por eso pelear en sus propios términos no hace nada más que reforzarlo. Así pues, el Estado demostró tras el retorno de las comunidades del TIPNIS a sus territorios, que no iba a perder esta lucha.

Puedo vislumbrar tres formas claras de atacar los logros de la marcha usadas por el Estado para deshacer lo que había acordado producto de la presión en la sede de gobierno.

a)     La campaña mediática: A través de los medios de comunicación estatales y afines, el gobierno comienza una campaña mediática que mostraba a los pueblos del TIPNIS a través de un filtro sepia y desgastado explicando que viven en pobreza y descuido rodeados de enfermedades, es decir un uso del miserabilismo como imagen de lo las comunidades yurakarés, tsimanes y moxeñas, contraposición al progreso civilizatorio como la visión triunfante. Acompañando estas campañas estaban las que explicaban en una posición cuantitativa la escasa cantidad de hectáreas a ser afectadas por la carretera, obviando por completo el problema de carácter cualitativo de esta intromisión en la vida salvaje y libre de civilización.

b)    La “creación” de “pueblos indígenas”: Bajo la lupa “indigenista” del gobierno del MAS, se cambia el denominativo “colonos” por “interculturales” y se les reconoce una representación social y política que es la CONISUR. Esta instancia permite que los cocaleros y gente a la que se otorga tierras y que son fieles militantes del partido oficialista, tengan un movimiento social propio.

 

 

c)     La “contra Marcha”. Qué mejor que una nueva marcha para desvirtuar la anterior. Con esta estrategia surge la marcha de la CONISUR, un teatro mal montado que ya daba risa por la simpleza de la estrategia: ninguno de los marchistas hablaba con los medios (para no equivocarse?) solo los representantes. Los marchistas entraron casi directamente en la Plaza principal y dialogaron rápida y fácilmente con el gobierno. Sin ninguna vergüenza en la cara, los gobernantes anuncian que no pueden hacer otra cosa que “escuchar” los mandatos del pueblo y que no pueden ignorar una marcha de esta magnitud.

El Estado da su estocada final como bien sabe hacerlo, manipulando las opciones legales. Así decreta la ley de la consulta y anula la ley corta, manipulando las leyes, y en el caso particular de Bolivia manipulando al “pueblo” y a los movimientos sociales, a la par que criminalizaba toda participación en las marchas y vigilias en la lucha por el TIPNIS y un nuevo conflicto menos mediatizado que fue la lucha por un bono anual llevada a cabo por las personas con capacidades diferentes -que en  la más repudiable acción policial, fueron violentamente reprimidas a pesar de estar en sillas de ruedas, o tener discapacidades físicas varias-. Varias personas fueron “presentadas” a los medios a través de fotografías en las que se las acusaba de participar de estas luchas realizando una acción conspirativa contra el Estado. Algunxs fueron detenidxs en un claro intento por provocar terror y dividir el apoyo activo hacia las luchas llevadas a cabo por estos dos sectores.

En respuesta a esto, dos acciones de solidaridad y protesta surgen realizando propaganda contra este accionar criminalizador: una de ellas no reivindicada, saca afiches que elogian la protesta de los “discapacitados” y denuncia la criminalización de la protesta y de la solidaridad con la lucha. La otra, realiza pintadas callejeras en las que denuncian esta situación:

Viñetas en Solidaridad con Eat y Billy Anarquistas Presos en Indonesia: “(…) Compañeros anarquistas en Bolivia están siendo perseguidos por el Estado en este tiempo a causa de demostrar su afinidad y solidaridad con la octava marcha indígena en defensa del TIPNIS y también con la marcha de personas con capacidades diferentes.” (12 marzo, 2012)

Mientras tanto, la jugada maquiavélica de anular la ley corta y suplantarla por la ley de la consulta en respuesta a las demandas del “pueblo” realizadas en la “contra marcha” de la CONISUR, provoca, como era de esperarse, que las comunidades tsimane, moxeña y yuracaré se preparen nuevamente para defender su territorio

“Eran debatidas dos ideas principales en Gundunovia en aquel encuentro de corregidores extraordinario en el TIPNIS, allá por marzo de este año. Una, la de emprender una nueva marcha que pida la anulación de la consulta “previa” y se respete la ley 180 de intangibilidad que impedía la entrada de mega proyectos como el carretero dentro este territorio (resultado de la VIII marcha); la otra, la radical, proponía hacer RESISTENCIA en el Territorio, bloquear las entradas e impedir que entren intrusos de este mal gobierno a la “loma Santa”. Después de largos debates fue la primera la que se impuso… (10 de julio de 2012 por Sikurí, http://www.territoriosenresistencia.org)

Bajo la estrategia de repetir la marcha, en la que seguramente influyeron intromisiones varias que aún apostaban por el dialogo y la negociación con el Estado (fieles defensores de esta institución y creyentes totales de su funcionamiento), los tsimane, moxeños y yuracarés (acompañados de varios afines) emprenden nuevamente la caminata hacia la ciudad de La Paz en abril del 2012.

  1. 6.     La XIX marcha, nuevos sabotajes y la arremetida de la represión

La diferencia entre la VIII y la IXI marcha en cuanto a la participación del movimiento libertario y anarquista fue que para la IXI surgen debates previos como ansiando una proyectualidad menos “espontánea”. Surgen varios comunicados y manifiestos en los cuales la tensión se establece entre quienes apoyan la IXI marcha y se deciden a ir nuevamente a participar de ella, demandando mejor organización para realizar una mejor estrategia contrainformativa a través de webs y otros recursos audiovisuales; y aquellxs que dicen no, que plantean que no se puede volver a marchar y que recomiendan ir a las comunidades del TIPNIS, a hacer la lucha ahí, y que se debe negar toda tranza con el Estado (mismo debate que surge en las comunidades del TIPNIS). Las tensiones se plantan casi imperceptiblemente. Lxs pro marcha, se van  a ella y lxs demás, deciden apoyarlxs con la lucha en las ciudades. Había sido una decisión en conjunto y así se procede.

No obstante, una nueva acción violenta se “desprende” de estas decisiones y tenemos un ataque en el que se reivindica la lucha por el TIPNIS y las comunidades que viven en él, en términos de ataque y confrontación:

Reivindicación de la quema de un cajero automático: “(…) con el Pueblo mapuche, y los pueblos del TIPNIS que desafían y prefieren la lucha a una vida sistémica pero esclava. Con ellas, nos declaramos en guerra. (…) Las anarquistas a lo largo de la historia hemos recurrido a la violencia para repudiar y combatir este sistema en respuesta a la agresión y represión del Estado, (…) las anarquistas somos violentas porque la violencia de la opresión no merece nada más que nuestra hermosa violencia liberadora. (…) Las anarquistas de acción, buscamos la masificación de la lucha, la propagación de la revuelta y que cada ser tome la libertad en sus manos empezando por la destrucción de quienes se creen nuestros amos, por eso atacamos sus sustentos físicos, sus emblemas de dominación y a través de estas ideas llamamos al ataque solidario, al ataque liberador, al ataque conspirador.” (Fracción Autónoma de las Birlochas Rebeldes. FAI – FRI 30 abril, 2012)

Este comunicado así como la acción de sabotaje a los productos lácteos en un supermercado son difundidos en una de las páginas que informaban sobre el TIPNIS. Pero la “movida grande” se llevaba a cabo en otros términos: La marcha en su vieja estrategia colonial de la queja –porque las demandas constituyen sobre todo una queja ante el poder- decide quejarse ante un órgano mayor (como si la lógica fuera “mientras más poder, mejor recepción de la queja”): la reunión de la OEA que se llevaría a cabo en Cochabamba en junio de 2012.

El 29 de mayo –una semana antes de la reunión de la OEA- la represión del estado boliviano, allana  e interroga a 10 anarquistas, libertarixs y otrxs, dejando en secuestro a 4 de ellxs; todxs involucradxs, de alguna forma, en la lucha por el TIPNIS. Sin ánimo de entrar en un debate que surge y tiene  lugar en otras reflexiones, es evidente que esto diluye la participación del “movimiento” en la lucha por el TIPNIS: preocupadxs por lxs compañerxs secuestradxs, reciben nuevamente la marcha de forma pacífica, y con expresiones más bien culturales. Y por su puesto esta acción represiva es también un “ejemplo” contra todxs lxs que cuestionan al poder.

Pero esta vez, los costos de la marcha fueron mucho más dañinos para el TIPNIS. La queja a la OEA es evitada por el gobierno, y mientras la marcha se realizaba con la cobertura mediática el apoyo y la presencia de muchas más figuras políticas, el gobierno iba realizando la vieja estrategia paternalista de los gobiernos populistas del continente: iba comprando a las comunidades con los bienes materiales miserables a los que éstas nunca pudieron acceder. Asqueroso clientelismo generado e iniciado mientras la dirigencia, y las personas ciertamente combativas, se encontraban fuera de sus comunidades. Quizás la conciencia de esta despreciable forma de proceder fue tomada en cuenta en la marcha cuando se planteó el retorno a las comunidades, antes de llegar a la ciudad de La Paz, pero la marcha era ya otro ícono y había que llegar. La marcha continuó, se solidarizó también con lxs anarquistas presxs en uno de sus comunicados, resultado de la cercana comunicación y trabajo que lograron lxs compañerxs que participaron en las dos marchas por el TIPNIS.

Llega la marcha  a La Paz tras nuevos intentos del gobierno a través de sus afines (pueblos que bloquean el paso y se niegan a vender comida a lxs marchistas) de frenarla. Y, nuevamente el apoyo y el recibimiento emotivo, con la diferencia de que el Estado esta vez, ni los menciona, como si nada estuviera pasando en sus narices. Pone a una policía bien dispuesta tras un miserable aumento salarial, a frenar toda posible incursión en la plaza principal, y es más, continúa con su supuesta consulta previa, garantizado su triunfo por las acciones de compra-venta de las comunidades llevada a cabo mientras se desarrollaba la IXI marcha.

Digan lo que digan lxs etapistas, no, esto, no era necesario. Esta forma de auto derrota no se podía permitir y se podía evitar de haber tenido posiciones más radicales en su momento. Pero hecho ya el teatro, lxs marchistas tras escasos días en la ciudad de La Paz y dándose cuenta de que esta vez no habría diálogo y que sus propios territorios estaban siendo cooptados por el gobierno, deciden retornar a sus comunidades.

“No nos estamos yendo, estamos trasladando la lucha al TIPNIS, agradecemos al pueblo la gran solidaridad, (…) Queremos decirles al pueblo  que las luchas no son fáciles y todos los derechos que hemos conquistado desde el 90, han costado, dolor, tristeza y estar aquí en el crudo invierno, es la forma a valorarnos a nosotros mismos y lo que importa es nuestro territorio. Nos vamos con la frente en alto, para seguir luchando por el territorio, por la vida y por el pueblo boliviano.” (Fernando Vargas, 10/07/12.)

Sin duda la despedida fue emotiva también pero con mas tristezas que alegrías, de hecho nuevas campañas fueron necesarias para ayudar a retornar a lxs marchistas de la forma más rápida a sus comunidades con la decisión de no dejar entrar al gobierno en sus territorios. El daño, sin embargo estaba hecho y actualmente (septiembre de 2012) se sigue llevando a cabo la “consulta” a las comunidades del TIPNIS cooptadas por el gobierno en ausencia de sus dirigentes y miembros más radicales.

Aún peor, el TIPNIS ha sido recientemente militarizado bajo la creación del “ejército ecologista” del gobierno del MAS, una farsa disfrazada de ambientalista que incluso es bien recibida y aplaudida por quienes confían en la defensa del comunidades que viven en estos espacios perciben esta presencia como la declaratoria abierta de guerra contra las poblaciones indígenas y comienzan a tener discursos más radicales.  La militarización de todas formas, está consolidada, así como los resultados de la “consulta previa”, mientras que los sabotajes a la civilización, ahora están enfocados en solidarizar con lxs compañerxs secuestradxs por el Estado boliviano.

  1. 1.     Entre las luchas legales y las verdaderas amenazas.

 

Dado el escenario adverso para el TIPNIS, es necesario mencionar que actualmente las comunidades yurakaré, tsimane y moxeña, al igual que las instituciones, colectivos e individualidades involucradas en esta lucha, realizan protestas y denuncias sobre el procedimiento “irregular” de la supuesta consulta que realiza el Estado. Es decir, siguen recurriendo a los argumentos legalistas como si éstos fueran a servir de algo y como si no se hubiera aprendido tras por lo menos dos derrotas, que el Estado va a manipular sobretodo las leyes solamente para su propio beneficio.

Cuando las luchas con las cuales solidarizamos o de las cuales formamos parte activa, se enfocan en la defensa y/o resistencia, y realizan demandas basadas en derechos a pesar de uno y otro fracaso, reflexiono y a modo de autocrítica, me pregunto: ¿hacia dónde fueron las reflexiones de las acciones? Y pienso que la propaganda es un elemento de lucha que se ha descuidado en este caso.

Yendo hacia una crítica más general y orientada a la lucha ampliada por el TIPNIS, además de instar a pensar seriamente en si es inteligente seguir por el mismo camino de luchas legales cuando se han visto tamaños atropellos, quiero también reflexionar sobre estas estrategias de lucha, y su enfoque sobre los verdaderos enemigos y amenazas al mundo salvaje y las sociedades no civilizadas.

La verdadera amenaza que no se ha vislumbrado lo suficiente en esta lucha, no era la carretera. Tampoco un gobierno o un partido político, ni la empresa constructora, o los cocaleros, mucho menos la mala administración de los recursos naturales o las políticas sobre los pueblos indígenas. Estos son solo las puntas de un iceberg que siendo mucho más grande, solo puede ser debilitado si se lo entiende en toda su magnitud, de lo contrario seguirá ofreciendo puntas de ataque a las vidas libres de civilización. La verdadera amenaza es la civilización, la tecnología y el progreso, y todo Estado y gobierno van a buscar esto: civilización, tecnología y progreso para satisfacer a su sociedad de masas.

La vida civilizada de las ciudades es en esencia colonialista y avasallante, siempre está en busca de nuevos espacios de los cuales extraer los “recursos” que necesita para mantenerse. La civilización consiste en relaciones de dominación que establecen marcadas diferencias entre lxs llamados ricxs y lxs llamadxs pobres, estas diferencias son el sustento de una economía inhumana que requiere mano de obra -vaya forma de llamarnos- que produzcan lo que esta misma mano de obra va a comprar[4]. Esta es la esencia de la sociedad civilizada de masas. La sociedad de masas se orienta tan fielmente a un crecimiento cuantitativo que ha desarrollado un modo de funcionamiento tan complejo que es imposible trabajar en ella sin especialización. Y esta  especialización inevitablemente crea jerarquías necesarias para coordinar la producción y como consecuencia divide la sociedad entre lxs que tienen poder y lxs que no tienen poder. Lxs que no tienen poder son tratadxs como objetos explotables. La naturaleza salvaje con las especies y las poblaciones no civilizadas que viven en ella, son estos “objetos” vistos en función de su explotación. Por supuesto que esto es tan naturalizado (vuelto como algo natural) que muchxs creen hacer un bien llevando el progreso y la  civilización a sus “salvajes” vidas.

La explotación por clase, etnia, y preferencia sexual es intrínseca a la sociedad de masas. La explotación devastación y civilización del mundo salvaje y las sociedades no civilizadas es inherente al mundo civilizado democrático capitalista.

Por ello, no podemos concebir que, en esta sociedad civilizada de masas, exista una tecnología o un modelo extractivo bueno, solo porque se cambien lxs administradorxs, por lo tanto criticar un gobierno u otro da lo mismo. Queda claro con este gobierno, que por muy “indígena” que se llame no es el administrador quien va a frenar el desarrollo y el avance colonialista de la civilización y la tecnología. No existe lógica alguna en que el sistema se vuelva bueno o libertario solo porque otrxs lo administren. No existe presidente, ni policía, ni militar bueno, porque simplemente estos cargos están ideados para gobernar, reprimir y monopolizar la violencia. Así, tampoco existe el uso de los recursos naturales bueno o malo, ambos suponen la destrucción del mundo salvaje y la domesticación de las comunidades no civilizadas. No importa si el administrador es un derechista, un izquierdista, un indio, una mujer, un niño o un anarquista (¡Dios no lo permita!).

La civilización se basa en la explotación. La naturaleza es la fuente de las materias primas que garantizan el progreso y mueven la economía de los Estados que administran los gobiernos. En tanto que se adscriban al capitalismo, los Estados van a continuar exterminando la naturaleza. Por su parte, los organismos internacionales son las pantallas de los proyectos como la IIRSA por eso la estrategia de la queja frente a ellos no va a servir de nada. Por eso, no creemos en ninguna reforma como vía posible para el cambio. La única forma de prevenir los daños es no construyendo ninguna carretera mas. Ni una sola más. El progreso necesita urgentemente un freno, necesita dejar de ser el modelo vigente inmediatamente, porque es una carrera insensata hacia la devastación y la muerte. Porque el mundo salvaje no es legalista y el Estado no es salvaje, el Estado y el mundo salvaje  simplemente son antagónicos, no va a existir nunca un gobierno que no dañe el mundo salvaje.

Por lo tanto, no va a ser mediante la ley de los poderosos que se logre un cambio. El poder no va a aprobar ninguna ley que le quite poder sobre nuestras vidas ni sobre el territorio, mucho menos si éste tiene recursos útiles a su modelo desarrollista. No existe legalidad que permita y apruebe una vida digna y libre. El poder jamás va a permitir tal cosa porque implica negarle el poder sobre nuestras vidas y espacios.

Lxs falsxs criticxs:

Ahora bien, quienes realizan este tipo de luchas legales, oficiales, las guerras de papel: de sellos y cartas, por lo general terminan gozando de algún cargo de funcionario público más adelante, porque nunca han cuestionado el modelo sino solamente su administración, lejos de considerarlxs ingenuxs yo creo que son cómplices y por lo tanto enemigxs. .

Son la cara de las más absurdas e hipócritas razones para la defensa del medioambiente: “desde el que quiere mantener su puesto de guía de turismo extremo en parques nacionales irrumpiendo en el equilibrio, biólogos e ingenieros forestales que desarrollan sus estudios en supuesto beneficio de la naturaleza, especialistas de la información y documentalistas que capturan la selva y su equilibrio para mostrarla en video, fotografía o audio y rentabilizar sus esfuerzos, igualmente artistas cuya inspiración necesita surgir del equilibrio biológico natural, es decir todos ellos y sus ejercicios mercantilizan la naturaleza.”[5] Estxs buenxs ciudadanxs que lavan sus conciencias con asistir  a una marcha y con el lema de “ser conscientes” (como si el grado de consciencia no lxs haría aún más repulsivxs por ser conscientes pero seguir siendo cómplices mediante sus vidas consumistas y rodeadas de la tecnología civilizatoria que atenta contra eso que ellxs mismxs dicen defender), jamás se preguntan siquiera “de qué les sirve “defender” el TIPNIS si de todas maneras mañana avasallarán otros espacios vírgenes o crearán más fábricas y comprarán más automóviles, consumirán mayor cantidad de energía eléctrica y producirán más basura, más ropa y consumirán más árboles para muebles y más animales para comida.” No podemos vernos con tamaña incoherencia de medios y fines.

Esxs son lxs falsxs críticos. Son lxs artífices de que las cosas sigan funcionando así de bien para el poder, la dominación y la civilización con su modelo desarrollista. Para nosotrxs, existe, en consecuencia, una diferencia infranqueable con aquellxs que usan estas luchas como preparación para tomar el relevo en la gestión del sistema actual. También tenemos diferencias infranqueables con lxs llamadxs “alternativxs” que cambian su consumismo industrial por un consumismo local y se quedan en su cotidiano sin atreverse a pasar a una crítica general ni mucho menos una acción contra la dominación generalizada de las instituciones y del consumismo, venga del mercado que venga. Existe una diferencia notable entre quienes respetan un sistema que en si mismo conlleva la necesidad de atentar contra todo el mundo salvaje y las formas de  vida no civilizadas, y quienes están conscientes de que este sistema no admite cambios posibles sino su destrucción o por lo menos su parálisis permanente.

Entonces las luchas que sincera y consecuentemente sientan la necesidad de frenar los ataques al mundo salvaje y las poblaciones no civilizadas deben considerar esto: abandonar inmediatamente la estrategia de la queja y la lucha legalista.

El camino solo puede ser uno si queremos una victoria

Las luchas oficiales solo validan y se muestran fervientemente respetuosas de los valores de la sociedad civilizada y colonialista. La forma de hacer política de las sociedades civilizadas conduce inevitablemente al uso e instrumentalización de las rebeliones y protestas de cualquier sector, pero sobretodo -y la historia lo demuestra- de las protestas y rebeliones de las comunidades llamadas indígenas. El Poder “ha funcionalizado la sublevación india a su favor. Porque a ellos sólo les interesa introducir algunas reformas sociales dentro del sistema social, o sea, el cambio dentro del sistema social colonial.[6] Efectivamente muchas reformas se han ido sucediendo a lo largo de la historia, así existen convenios, tratados y una lista larga y creciente de derechos y sus consiguientes penalidades, pero estos son solamente un apretón de tuercas al poder que sigue intocable, y que por su puesto, continúa expandiéndose. Gracias a esta serie de “ajustes” al sistema, ahora todas las protestas son funcionales al mismo sistema y por su puesto al poder que sigue siendo colonial.  Por lo tanto, este tipo de luchas solo es funcional al mismo Estado y al capital, al sistema dominante. Entonces, las luchas no pueden esperar la protección del Estado ni de sus funcionarios, mucho menos de la policía o del ejército.

Y lanzo más críticas puntuales a estas luchas: La posición de defensa apunta a una protección y nada más, ninguna crítica profunda surge de ésta para las verdaderas amenazas a la naturaleza salvaje y vida no civilizada. El sistema, el poder y el modelo económico, no se ven cuestionados bajo esta lógica. Complementando a esto, el discurso de la resistencia implica de por sí una posición pasiva que estatizada en un punto de la lucha, busca mantenerse ahí, resistiendo, negando la posibilidad de conquista efectiva de una vida, y un territorio libres de cualquier amenaza. No hay ofensiva en esta posición y los planteamientos de emancipación de los pueblos se diluyen en la niebla de tratados proteccionistas. No se vislumbra un ataque y por lo tanto se aguantan las embestidas esperando no retroceder más, pero ¿será posible mantenerse así habiendo retrocedido ya tanto? Habiendo perdido tantas hectáreas de mundo salvaje y no civilizado, habiendo perdido ya tantas comunidades, lenguajes y gente libre del dominio occidental y civilizatorio? ¿Será aguantable seguir resistiendo y no tomar acciones para comenzar a vivir dentro de un espacio libre y bajo relaciones como nos da la gana, libres de las amenazas civilizatorias?

Si en más de 5 siglos estas estrategias legales no han funcionado ¿cuántos siglos más se tienen que esperar para dejar de buscar la aprobación del poder? ¿Cuántos siglos más hacen falta para una verdadera rebelión?

La defensa se hace en el territorio, y el ataque en las ciudades tiene que ser contra la civilización,  y cuando éste ataque sucede en el territorio se lleva a cabo como autodefensa legitima. No interesa en esta legítima autodefensa, si las estrategias son legales o no. Hay que ponerle un freno al progreso desarrollo y civilización. Éstos son insostenibles porque nos encaminan a una autodestrucción sin sentido y subordinada a los caprichos de lxs poderosxs. Este modelo, este sistema y su sociedad de masas no pueden ser reformados. Deben ser reemplazados. Y por su puesto para esto hace falta su inmediata destrucción.

 

  1. 2.     Reflexiones sobre los sabotajes insurreccionales: la dirección de las palabras en las luchas en contextos específicos

La otra cara de esta lucha la han marcado los ataques de sabotaje. Lejos de compartir la mirada sesgada y de omisión que la mayor parte de los medios tiene en relación a la lucha por el TIPNIS en los cuales solo se mencionan las estrategias legales. Lejos de ser cómplice de estas historias oficiales que siempre niegan las rebeldías más radicales pretendiendo difuminarlas en el olvido -con la estrategia de no hablar de ellas- he situado cada una de las acciones de sabotaje como parte de esta historia tomando la memoria como arma de combate y confrontación a las visiones sesgadas oficiales. Estas acciones claramente se inscriben dentro del accionar anarquista insurreccional, y forman parte de esta historia y no se pueden omitir de ella. Entonces, son hechos  que están ligados a la historia de la lucha por el TIPNIS pero que al mismo tiempo, marcan un punto de distanciamiento radical con las luchas oficiales que compartían la misma causa.

Este ejercicio por escribir una historia en la cual no se omiten los ataques insurreccionalistas  quedaría incompleto sino reflexionamos estas experiencias en función de colaborar con el debate y praxis de nuevas estrategias y tácticas de confrontación al poder. Y es por ello que planteo que los sabotajes realizados exclusiva o parcialmente en lucha por el TIPNIS, no han podido romper la burbuja insurreccional y llegar al contexto específico en el cual se enmarcaban. Como consecuencia, han sido vistos como algo ajeno y exterior a la misma lucha, y esto ha llevado a que los sabotajes hayan sido más un elemento de expectación mediática, y la atención puesta sobre ellos haya correspondido más al poder y la represión que a la rebelión.

¿Cuáles son los problemas que vislumbro en todo esto? Para nada la falta de popularidad o simpatías, sino que me parece que nos tenemos que poner alertas sobre algunos de los objetivos principales y llamados insurreccionales más frecuentes: la propagación del ataque y la crítica a la sociedad.

Creo que en estos sabotajes, no se ha conseguido la propagación del ataque. Ni una crítica  a la sociedad ¿Qué falla aquí? Creo, y me animo a afirmar, que la falla radica en la comunicación de las acciones.

Muchas ideas atacan mi mente cuando reflexiono sobre esto, porque en esencia está claro que comparto plenamente la necesidad de atacar al poder, pero eso no me impide plantear una autocrítica, siempre en función de precisar el ataque y ser más efectivxs

Por un lado, resuenan en mi cabeza, las reflexiones sobre la necesidad o no de una identificación que acompañe las acciones. Por el otro lado, resuena la necesidad de la reflexión que siempre acompañe la acción y hacia dónde se dirige esta reflexión, aunque no creo que un comunicado sea precisamente la reflexión teoría-acción en profundidad, si creo que nos permite ver las posiciones de quienes realizan el ataque y las críticas radicales al sistema dominante, así como la siempre urgente sacudida mental.

La primera idea me conduce a una reflexión de fondo. En primer lugar ¿por qué señalarse anarquista y antiautoritarix? Contextos como España -donde todas las acciones, incluidas las anónimas eran atribuidas al E.T.A., o en periodos de mayor ataque al poder- o como los años 70 -en que grupos leninistas solían adjudicarse los ataques anarquistas- dan cuenta de necesidades específicas de separación y reivindicación. En el territorio dominado por el Estado boliviano ¿porqué hacía falta señalarse anarquistas?

La distinción podemos verla como un desmarque tautológico de la lucha legalista por el TIPNIS y de la moda medioambientalista. Tautológica porque de por si un sabotaje escapa a toda ley y en el mismo hecho queda claro que hay una distancia insalvable con quienes optan por las guerras simbólicas y de papel. Por otra parte, creo que es identificable un desmarque insistente del anarquismo de estado tan presente en la historia de este país. Pero creo que la razón de mayor peso es que la pertinencia de señalarse anarquistas apunta certeramente a poner el dedo en la llaga sobre posibles tergiversaciones del poder o de instituciones, partidos y ONGs. Así se deja plantada la idea de que no se busca poder, no se negocia, y sobre todo se ataca desde una posición antiautoritaria que no busca reforma, sino un freno absoluto a estas amenazas.

Entonces, de acuerdo, nos desmarcamos pero esto no significa que nos aislemos, mucho menos si se trata de sabotajes en nombre de una lucha como fue la del TIPNIS. Entonces, mantenernos con una identidad, supone también hacer una reflexión sobre esta identidad y sus posiciones diferentes a las luchas legalistas.

Y esto ya me lleva a la segunda idea, sobre el otro punto que a mi modo de ver, está siendo descuidado: el cuestionamiento a la sociedad que sustenta y valida el poder, y no solo el cuestionamiento al Estado, el capitalismo y sus siervos.

Queda claro que los sabotajes apuntan al poder, pero ¿Hacia dónde apuntan las palabras y reflexiones que acompañan estas acciones?

Y quiero ser, en este punto, más autocrítica aún, pues creo que las estrategias de difusión de los ataques no apuntaron certeramente ni a  cuestionar la sociedad, ni a cuestionar las estrategias legalistas del resto de la lucha, por la sencilla razón de que los comunicados no se dirigieron a la marcha, ni a la “sociedad”. Los comunicados, han llegado a quienes piensan como nosotrxs y a quienes buscaban reprimirnos, y no han llegado al contexto específico. Los comunicados, de esta forma, pueden caer en una especie de gueto insurreccionalista y con ello se abre un abismo con el contexto específico que es indispensable salvar cuando se tratan de acciones de este tipo y enmarcadas en luchas que responden, precisamente, a contextos específicos. Considero entonces, que los ataques han reducido los canales de divulgación de sus ideas, en esta historia particular.

La única coherencia que encuentro con la necesidad de criticar también a la sociedad, es que las palabras y reflexiones que acompañan las acciones deben apuntar, no pues al poder, -no nos interesa que ellos nos entiendan ¿o si?- sino al contexto específico donde se realizan los sabotajes, ataques o propagandas. De esta forma, podemos ser coherentes con una crítica social a las formas de aceptación, normalización y resignación frente al poder y la domesticación de nuestras vidas, o frente a las amenazas y ataques a la naturaleza salvaje y las vidas no civilizadas. Y por supuesto que las reflexiones de los comunicados así, como estas palabras que ahora comparto, se dirigirán siempre y con toda convicción, a lxs compañerxs que viven con coherencia su palabra anarquista y antiautoritaria.

Por lo tanto, lo que planteo es la necesidad de crear nuevas formas de comunicación que lleguen a propagar la reflexión de las acciones al interior del contexto específico en el cual se llevan a cabo. Y también la necesidad de un debate sobre a la dirección de las reflexiones,

Si creemos en la necesidad de generalizar el ataque, y en la crítica a la sociedad como un instrumento de lucha y no solo de teorización,  pues hay que trabajar en estas estrategias, en la difusión de las acciones hacia los contextos específicos, en una interpelación más directa a la sociedad, y no solo hacia la atención del poder, ni en llevarlas exclusivamente a las paginas especializadas, -que para nada niego su importancia y el rol importantísimo que de hecho cumplen en mi propia vida-. Dejo, con estas palabras finales, la reflexión para el debate sobre hacia donde apuntamos nuestras reflexiones, sobre las formas de difusión de nuestras palabras hacia los contextos específicos, y por supuesto, sobre nuestros ataques y combates de la mano de las comunidades y espacios libres de civilización.

Septiembre de 2012.

A más de 5 siglos del primer sacerdote devorado por una salvaje


[1] Y no voy a hablar de que esta ausencia es un descuido del Estado y las comunidades esperan o ansían esta presencia. Hablo aquí de comunidades que literalmente escapan a la expansión de la civilización y que en el caso del TIPNIS rechazan abiertamente una carretera pues entienden precisamente que ésta es el inicio del avasallamiento civilizatorio en sus espacios libres.

[2] Se llama VIII Marcha, porque antes de ésta existieron 7 marchas de las comunidades de tierras bajas, poblaciones de estructuras sociales numerosamente “pequeñas” y que conviven con la naturaleza de forma no extractivista, pidiendo el freno a la intromisión a sus territorios y una especie de protección estatal. La primera marcha llamada por el territorio y la dignidad se da en 1990.

[3] Muchas de estas acciones se realizan por varios motivos o solidarizando con varixs compañerxs. Los fragmentos que cito en este texto son solamente partes de estos comunicados en las que se reflexiona sobre la lucha por el TIPNIS o contra la civilización, aporte que considero es el más importante. Para verlos de forma completa se puede consultar paginas como viva la anarquía y liberación total.

[4] Para compartir una definición más precisa de lo que es la civilización, es importante examinar cuándo y dónde surgió y que diferencias existen realmente entre las sociedades que se suelen llamar civilizadas y aquellas que no son consideradas como tal. Un estudio así nos muestra que la ganadería, agricultura, un modo de vida sedentario, el refinamiento en las artes, oficios y técnicas e incluso las formas más simples de fundición del metal no son suficientes para definir una sociedad como “civilizada”. (aunque esto configure la bases materiales necesarias para la aparición de la civilización). En cambio, lo que diferencia lo que surgió hace unos 10.000 años en la “cuna de la civilización” y que es compartido por todas las sociedades pero falta en aquellas definidas como “no-civilizadas” es una red de instituciones, estructuras y sistemas que imponen relaciones sociales de explotación y dominación. Lo que todas las sociedades civilizadas tienen en común es la sistemática expropiación de las vidas de aquellxs que viven en dichas sociedades. (Willfull Desobedience)

[5] Colectivo Salvaje Yastay

[6] Victor Uriarte.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s